En términos generales, la volatilidad se entiende como la fluctuación en los rendimientos de activos económicos, haciendo variar su cotización o valor en un mercado.
Llevado a la psicología, la volatilidad emocional podríamos entenderla como la oscilación y cambios de estados de ánimo, sentimientos y/o pareceres sobre puntos de vista, opiniones o personas.

 

 

«Donde dije digo, digo Diego», es un dicho popular que en los últimos años está cogiendo mucha fuerza en el ámbito de las relaciones sociales o de pareja.
Atrás quedaron aquellos tiempos en los que nuestros abuelos se juraban amor eterno y pasaban «guerras, hambre, posguerras, crisis y momentos difíciles», para sumar un sin fin de años juntos.
Mis abuelos, sin ir más lejos, vivieron como pareja ¡70 años!, hasta que hace un par, falleció mi abuela a los 95 años de edad …
Hoy en día, esto es prácticamente impensable e inimaginable.

¿Y Por qué?

En la actualidad, vivimos con pensamientos sociales muy dispares, proyecciones personales, objetivos, fines que pueden contrariarse y hacen que a la postre, aparezcan discusiones con visiones divergentes.
Y esto no sólo ocurre en la pareja, si no también entre nuestras amistades.

 

 

Lo que a lo mejor un año atrás parecía una amistad imposible de romperse, 24 meses mas tarde, es una relación cuasi inexistente por la aparición de nuevas personas en su vida, nuevos objetivos o cambios en la manera de pensar…
Lo que parecía amor incondicional un día, al cabo de unos meses se resquebraja, por motivos similares a los anteriores, y ya no ves a esa persona como la veías unos meses atrás…

 

No digo que tengamos que vivir como vivían nuestros antepasados, porque la vida ha cambiado y mucho, pero creo que (y llamadme antiguo) hemos perdido el origen … Y como dice un buen amigo mío, quien pierde el origen, pierde la identidad.

 

 

Es obvio que hemos avanzado mucho, y está claro que la frase «hasta que la muerte nos separe» tiene matices, porque no estamos obligados a pasar junto a otra persona el tiempo que no queramos pasar (cosa que antes, era casi una obligación por desgracia). Pero quizá, todo lo que hemos ganado en materia de igualdad y legalidad, lo hemos perdido en valores y principios. Es una barbaridad la de casos de divorcios y separaciones que cada año se acumulan en juzgados o notarios.
Es increíble lo interesada y egoísta que se ha vuelto la sociedad, pensando única y simplemente en la «plenitud constante personal«.

 

Concurren situaciones de crisis, de falta de entendimiento ante las que la solución más inmediata es «huir».
La falta de asertividad, de reconocimiento de culpa o de resiliencia, nos hace «capear» las crisis sociales, de pareja u otras, dando un salto al lado y obviando todo lo que se había construido hasta la fecha, y esto tiene un coste emocional para la parte dejada TERRIBLE.

 

 

 

Nano López
Activador Emocional
Formador de Habilidades Sociales
y Deportista de Carreras por Montaña

 

 

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