ULTRA SANABRIA By STAGES 2020

Un año más, (y este es el 3º en mi casillero particular) siendo la 4ª edición, íbamos a disputar la prueba Zamorana en el Lago Salvaje, El Lago de Sanabria.
Este año además, siendo un año tan extraño como inédito, envueltos en una Pandemia mundial, las ganas podían a la razón y sobretodo, nos empujaban a embarcarnos en una prueba de 110 km’s y casi 6.000 metros positivos de desnivel, sin la carga de entreno, horas de volumen, ni «ITV» reglamentarias pasadas …

La prueba se disputaría los días 16, 17 y 18 de Octubre, por lo que emprendimos un viaje en Furgoneta (debido a las restricciones de la Covid-19 en tema de vuelos) gracias a la gentileza de Quadis Rent a Car que nos cedería una fantástica Mercedes de pasajeros. En ella, viajamos el Jueves día 15, un buen grupo de corredores catalanes, de los que colocaríamos a varios de ellos entre los primeros 10 puestos de la clasificación.

Entre los favoritos a la victoria final, varios viajaban Cataluña: Jan Margarit Solé (el jovencísimo corredor del Salomon iati), o el veterano de batallas ultreras, Gerard «Blacky» Morales, campeón de España de Ultra distancia en 2016, eran 2 de los nombres de este fabuloso cartel.
Entre los tapados que viajaban con nosotros, Ignasi Ferrer, Abel Carretero y el todoterreno Samuel Dávila (el venezolano corredor afincado en Cataluña, que finalmente haría 2º de la General). Como baja de última hora, uno de los favoritos (Pau Capell), cedía el protagonismo a otros dos corredores que darían guerra garantizada. André Rodrígues (que se presentaba sin sponsor, al finalizar su relación con el equipo Prozis) y Manuel Merillas, recientemente fichado por Land serían 2 de los también favoritos, sin olvidarnos del Cántabro Borja Fernández del equipo Scott o el corredor local, que corre de forma independiente Santiago Mezquita.

En féminas, viajaba también desde Cataluña Manuela Vilaseca (la corredora Brasileña del equipo The Elements, que venía por primera vez al lago salvaje).
Junto a ella, iban a pelearse por el podium final, Ohiana Kortazar (la vasca del Salomon iati), Aroa Sio (Land), la vasca Leire Martínez (Sport HG) y Lucinda Santos, la veterana corredora lusa con la que compartiría algún que otro km en la 1ª etapa.

Lo mejor, pese a las restricciones obligadas por el Coronavirus, iba a ser poder vernos con amig@s, compañer@s y otras personas que hacía tiempo no teníamos oportunidad de departir en conversaciones de montaña, naturaleza y vida. Eso si, siempre con la mascarilla y sin acumular demasiadas personas.
Para ello, que mejor que estar acogidos en el Hostal Rural de El Recreo con Javi y Inés, dos profesionales del sector y personas en peligro de extinción.
La primera noche, sería importante la alimentación y el buen descanso, ya que una vez comienzas la aventura en el lago salvaje, es una vorágine rueda difícil de frenar ni de variar su progresión de agotamiento y anécdotas.
Nos íbamos a juntar el grupo que había viajado desde aquí, para comenzar a trenzar las estrategias del primer dia. Samuel lo tenía claro, ¡Hay que atacar! (y como depósito de combustible principal, Pan y más Pan sanabrés … XD XD XD ).


Viernes 16 de Octubre, 8:30 horas (Escuredo – San Ciprián)

33 km’s y 3.800 metros de desnivel acumulado.

La salida, gélida, escandinava prácticamente, por los grados negativos que marcaba el termómetro, se iba a ‘calentar’ rápidamente con la salida de los favoritos, a todo gas. Para ello, un primer grupo iba a tomar la cabeza, dirigidos por Jan Margarit y André Rodrígues. Seguidos de cerca por Manuel, Samuel Dávila y Abel Carretero … Todo justo acababa de empezar la 1ª etapa, y daríamos cuenta que los tiempos este año, iban a ir apretados.

Mi objetivo este año era terminar, (suena totalmente excusatorio, pero es así jejeje).
No soy especialmente una persona obsesiva con casi nada (lo fui durante muchos años dedicándome al fútbol),,,, Por lo que en un año en el que a penas han habido carreras y en el que personalmente, venía de un pequeño ‘batacazo’ personal a inicios de 2020, mi tiempo se había destinado a otros ‘quehaceres’ más que a entrenar desde el mes de marzo. Además, por una más que probable inactividad a largo plazo, cuando quisimos ponernos un poquito al día, lo que conseguí fue provocarme un Sport’s Hernia en el inguinal derecho, por lo que he convivido con una sobrecarga del abductor de esa pierna, durante mas de 5 meses … Llegar a meta el domingo 18, no sería una victoria, sería al más que eso XD

Llegaríamos al primer cortafuegos, previo al primer avituallamiento, acompañados de una buena amiga, Aroa Sio, que este año por primera vez desde la edición de 2017, iba a tener al menos una rival con la que tener que pelearse desde el primer minuto, Ohiana Kortazar.
Desde allí, encarábamos el primer tramo cronometrado de escalada (maiot puntos rojos) el cuál, nos conduciría por la pedriza hacia la Roca Negra. Uno de los tramos, probablemente más espectaculares del UltraSanabria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son 2,5 km’s de ascension vertiginosa entre bloques de granito, de la era glaciar.
Como si a modo «zamburguesas» de humor amarillo se tratara, había que escoger la mejor piedra para avanzar con firmeza hasta arriba. El paso por Roca Negra este año, estaba acompañado de temperaturas gélidas que no nos iban a dejar hasta bien entrada la mañana. No era para menos, llegados allí, quedaba un sendero de ascensión hasta Vizcodillo (a 2.200 metros) el balcón de la prueba, con vistas a Picos de Europa.
Era aquí, cuando la situación de esta Etapa 1 se iba a complicar. La helada que había caído en la noche, se hacía patente, y el descenso por esta roca sanabresa, era peligroso.
Para llegar hasta la Laguna Maliciosa, había que descender una «tartera» de piedras y un sendero humedecido de Brezo y bajos matojos. Un rincón especialmente bonito y que seguramente se utilizaba como congelador de Mamuts en la era glaciar, porque ¡madre de dios, que frío hacía y que recóndito queda esto!.

Desde allí, toca subir otros 300 metros de desnivel positivo, para reemprender la ruta que nos había «insinuado» el Vizcodillo una vez lo encimas. Un sendero, que se convertirá en pista descendente al «Alto el Peñón», km 17 y avituallamiento clave para que lo viene a continuación: 9 km’s de pista «Tumbada» que crestean esta espectacular cordillera que separa Zamora de León, y que se antoja plomiza y tediosa, si no se saben gestionar los esfuerzos.

Desde el año 2018, estoy especialmente vinculado a la prueba como Embajador de la misma, siendo estrecho colaborador del director, Antonio del Pozo. Mi vínculo a tierras Zamoranas, por parte de Padre y Madre (hijos de Sanabria, Aliste y tierras castellanas), hacen que tome con especial dedicación todo lo que se hace respecto a esta fantástica carrera. Es desde ese mismo año, en el que en verano ‘probamos’ esta etapa junto a Pablo Villa (corredor Adidas Terrex), para sacar pros y contras a ésta, y una de las más notables que ambos coincidimos era el poder variar o modificar este tramo de 9km’s, para desviar a los corredores a algún sendero más bajo o que «serpentease» este tramo de altura,,, pero no ha habido manera ni entonces ni en años posteriores, de dar con algún camino, sendero o pista, que pueda evitar pasar por aquí.

Como decía, si no se saben gestionar las fuerzas y la alimentación, pueden pagarse caros los platos.
Además de Tailwind, este año decidí acompañarme en exclusividad para esta etapa, de unos bastones plegables BlackDiamond, que me irían que ni pintado hasta coronar el Alto El Faeda.

El Alto el Faeda, (2024 m) es el último punto en alto, antes de descender hacia meta durante 7 km’s de «downhill» vertical.
Para esta edición, la organización contrató el pasado verano a unos cuantos «mozos de faena» para limpiar (o mejor dicho, para construir) el sendero desde El Faeda, hasta la cascada de los Vados. Con ello, se ganan no sólo minutos a favor, si no que garantizas la salud del corredor, al menos en cuanto a «tensión coronaria», porque caerte hace 2 años en este tramo, era despellejarte en carne viva las rodillas y quizá la cara, debido a las cepas de brezo y matojo bajo quemado, que quedaron tras un antiguo incendio. Además, no se veía bien si pisabas sendero, piedra fija, roca, raíz…. Se ha de agradecer la mejora que este año nos acompañó en esta primera etapa ,,, (todo y que André Rodrígues quizá no piense lo mismo, ya que el batacazo que sufrió en la pugna junto a Manuel Merilles, le dejó KO para la jornada 2 … Una lástima, ya que estaba bastante competida la cosa).

La anécdota de este descenso, la marcó mi torpeza (unida al cansancio y fatiga muscular que ya me acompañaba). A punto estuvo de presenciar la caída más estúpida de mi vida, un voluntario que se prestaba en ayudar al paso o cruce del río. ¡Me tropecé conmigo mismo, y salvé los muebles de puro milagro! XD XD …

El trazado final a meta, es un paso de carros viejos (se ven claramente las marcas de rodadura), y una pista que se hace algo infinita, ya que viendo el pueblo al fondo, parece que no llegue nunca.

Al final, el puesto y el crono, modestos pero acordes al momento:
4horas 27 minutos, puesto 30º (unos 15 minutos más lentos que otros años ,,, pero contentos por poder acabar la etapa que más nos cuesta de todas).

¡Final etapa 1!

Sábado 17 de Octubre, 8:30 horas (San Martín Castañeda – San Martín Castañeda)
43 km’s y 3.900 metros de desnivel acumulado.

Para mí, la etapa «reina», la que mejor se adapta a mis capacidades como corredor y la que seguramente, más se puede parecer a una «Ultra» como carrera individual, por la distancia y por las muchas cosas que pueden pasar desde la salida, hasta la llegada al mismo punto, San Martín de Castañeda.

La salida, desde el Monasterio del pueblo, es negativa hacia la playa de los enanos. Si otros años salíamos disparados, este año estaba claro que no iba a ser menos, y tras enseñar las cartas el día anterior, muchos ya sabían con quien se tendrían que jugar «las garrofas» (como se dice en catalán).
Santiago Mezquita, no quería irse de la prueba sin dejar «su zarpazo», y el lobo (que así le llaman) salió como un cohete para marcar el ritmo, un ritmo altísimo, a los que no querían perder pistón. Merillas, Dávila, Margarit ,,, fueron tras él como rayos, y en seguida les perdimos la pista. Nuestra carrera, era otra.

El trazado de la playa (que volteas casi prácticamente medio lago), lo hice con mucha calma, para adentrarnos en la pista que nos lleva hasta el Camping de los Robles y desde allí, encarar la primera pequeña ascensión (una pista empedrada) para descender paulatinamente, por un precioso bosque hacia Sotillo de Sanabria, primer avituallamiento importante.
Aquí, empezará el primer tramo cronometrado de ascenso, uno de los trazados que más me gustan. Por su belleza, por su tipo de «ascensión», tendida y larga, y porque su punto cumbre, en la laguna de sotillo, es precioso por su embalse, su cascada y por las vistas que nos permitirá tener poco después, del lago de sanabria.

 

Junto a otro corredor, atravesamos «los pastos» que nos conducen por un sinuoso sendero en este primer final de tramo cronometrado, para empezar de pleno el tramo de descenso (1er tramo cronometrado) hacia la Laguna de Carros.

Otros años, veía como en este primer descenso algunos corredores que había dejado atrás en esa primera ascensión de la Laguna de Sotillo, me superaban de forma vertiginosa, dejándose llevar por el ímpetu de una pista ancha, cómoda y serpenteante, y las ganas de disfrutar «el dejarse caer» … Este año, los corredores que subían bien, también lo hacían bajando y la cabeza de carrera quedaba algo lejos …

Llegamos a Ribadelago (km 23) para emprender el inicio de la ruta del Cañón del Cárdena, en aproximadamente 2 horas. Es aquí, donde realmente comienza la etapa. Unos 2 km’s de asfalto para conducirnos al avituallamiento e inicio del Cañón. Segundo ascenso de la jornada, hasta el Pico del Fraile, en el que muchos corredores «pagan la factura» de haber hecho una primera media maratón, con excesivo entusiasmo.
Me siento cómodo, me siento bien al «tran tran» de la jornada, aunque comienzo a notar cierto decaimiento llegando a la presa.

Una maratón, siempre es una maratón .. Las fuerzas van siendo justas, para encarar el descenso del plano inclinado. En el último avituallamiento, un par de voluntarios me reconocen como «el cuñado» … Y es que mi cuñado, sita su árbol genealógico en el pueblo de San Martín de Castañeda. Con a penas un par de comentarios, me presentan un «tupper» con una tortilla de patata que lleva mi nombre serigrafiado prácticamente … Me ofrecen amablemente un par de trozos, a cambio de una foto junto a ellos. ¡Qué gente mas maja hay por estos lugares, joder!.
La tortilla me ha sentado de fábula, porque el descenso hasta Ribadelago viejo es largo, muy largo … y me voy ‘dejando caer’ de manera muy respetable.

La entrada al pueblo, es incitadora de apretarte un poco mas los tornillos, aunque sabiendo lo que me queda, decido ir saludando a algunos ‘conocidos’ que voy encontrando. Algunos, como Leire Martínez, la corredora del Team SportHG, que el día anterior se había tenido que retirar aquejada de un fuerte esguince de tobillo.
Atravesar el puente, encarar una bonita recta junto al río, para emprender la última ascensión del a jornada. La Senda de los Monjes.

La última ascensión, la definitiva, la que cada año hace que «diga y maldiga» apretando los dientes, para dar lo que me queda en el depósito, y poder pasar bajo el puente de la carretera de peces, para saber que ya estoy entrando en San Martín de Castañeda.
En esta ascensión, la prueba nos hace coincidir con corredores de diferentes distancias. Tanto los corredores del maratón, como los del GranTrail como los del Gran Premio Caja rural, vienen de realizar un recorrido de 20km’s que voltea al lago, por lo que no sabes si estás atrapando a un corredor de tu distancia o te sigue otro por detrás … hasta que les ves el dorsal.

La entrada en San Martín, es una mezcla de satisfacción y alivio. Satisfacción, porque ya tienes en el bolsillo el 66% del Ultra, satisfacción demás porque las sensaciones para el entreno y molestias que nos acompañan desde hace meses, son buenas ,,, Alivio, porque llegas a meta y porque sabes que toca «comer y comer muy bien».

El crono hoy, 4horas 42 minutos y una 18ª posición final. (de nuevo, 10 minutos sobre el crono de otro año).

Pese a no estar en la batalla ni de podium, ni de maiots, este año está siendo especial. Acompañado de gente que quiero y aprecio mucho, pasamos un fin de semana fantástico, y como no podía ser menos, una de las actividades estrella del parque Natural, es visitar el centro multi aventura de Sanabria Lake en el Hotel Villalucerna.
Junto a Blacky, Manu, Ignasi, Abel, Jan, Leire … comemos en el restaurante del hotel, convenido con la prueba, para disfrutar a continuación de los circuitos de tirolinas que ofrece el espacio hotelero multiaventura de Sanabria.



Tras las risas y la multiaventura, toca descansar, cenar e irse a dormir. Queda una etapa, y seguramente sea, la que más guste a todos por su espectacularidad ascenso a la Presa Rota.

Domingo 18 de Octubre, 8:00 horas (San Martín Castañeda – San Martín Castañeda). Subida a Presa Rota
32,5 km y 2.600 metros de desnivel acumulado

La etapa Reina por decreto, la que tiene por honor ser como la prueba de «presentación a candidata» como mejor carrera nacional. La etapa en la que muchos de los corredores eligen como «LA MEJOR». Un único ascenso, largo, tendido, rocoso, PRECIOSO, y un único descenso, el del km vertical nocturno de la jornada 1 en las distancias Maratón y GranTrail.

La salida, se adelanta unos minutos y la espectacularidad de la noche casi otoñal, se tiñe con los primeros rayos de sol de la mañana. Las cartas están echadas, no queda nada que esconder. Se conocen los líderes, se conocen los escaladores y también los suicidas del maiot verde …. 3, 2, 1 ,,,,, ¡ÚLTIMA ETAPA!.

La salida, es como «invertir» la parte final de la etapa anterior. Es decir, los últimos 5 km’s del sábado, son los primeros 5 del domingo, por lo que lo subía, ahora baja…. ¡y vaya si baja!. Es de noche, hace falta llevar un frontal y tener un cierto cuidado para que la piedra sanabresa, no te ponga el culete en tierra.
Si no nos habían pasado cositas hasta hoy, en la última etapa nos iba a pasar un poco de todo, y todo concentrado en este primer trazado.

Comenzaba a molestar el abductor, ciertamente. La bajada, la decidimos tomar con calma y me pasaron varios corredores dispuestos a arriesgar desde inicio. A mitad de descenso, una rama me arranca LITERALMENTE el frontal de la cabeza …. y lo tira a un charco, que me hace difícil encontrarlo durante unos segundos … » risas y comentarios al pasar de unos pocos corredores mas … mis risas, también se hacen oír … XD XD, ¿para qué llorar pudiendo reir?.

Una vez llegamos al puente, emprendemos un trozo plano, en el que muchos tienen el primer avituallamiento a modo «almacén de frontales». Desde allí, un sinuoso sendero entre bloques medianas rocas, que nos adentran en el cañón del Tera, uno de los trazados más espectaculares de la zona.
El ascenso, de casi 10 km’s hasta la Presa Rota, (km 14,5), muestra a la par de su belleza, la catástrofe que un 9 de Enero de hace mas de medio siglo, sucumbió a centenar y medio de habitantes de Ribadelago, tras el reventón de la presa Vega de Tera.
Miles de metros cúbicos, cayeron devastadoramente por el cañón, hasta llegar al pueblo con todo tipo de elementos naturales … ¡Debió ser terriblemente atroz!.

En su ascenso, pueden verse muchos de los bloques de hormigón que conformaban la presa, dando forma a un recorrido que se aloja en una zona donde el Glaciar de hace millones de años, tenía que dar paso vete a saber qué otro tipo de bestias …

Menuda diferencia con el año pasado, en la que pasábamos por este lugar con lluvia, frío y unas inclemencias que dificultaron y mucho el paso de much@s corredor@s.
Este año, el problema no iba a ser la meteorología, si no el cansancio de piernas y la falta de pulmón para empujar …

El ritmo, era el que tocaba, el adecuado, dando caza a muchos corredores que habían salido «escopeteados senda de los monjes abajo» y así, acompañado de un corredor del GranTrail, llegamos a Presa Rota, un lugar impresionante que refleja la catástrofe de 1959.
El enorme agujero por el que cayó el agua, queda a un lado, para rebasar la presa y encarar la ascensión hacia Vega de Conde. La pista, que se convertirá en sendero al cruzar el riachuelo, nos elevará hasta el último punto en alto, antes de descender al último avituallamiento importante de la jornada, el de Laguna de Peces.
El descenso al Parking de Laguna de Peces es muy rápido, aunque hay que vigilar la cantidad de roca suelta que hay en él.
Una carga rápida de Tailwind, un trozo de sandía y dispuestos a descender el Cañón del Forcadura, el cuál habíamos hecho récord de ascenso en la prueba semi virtual de este verano :).

El año pasado, recuerdo que disputaba el 3er puesto del cajón con Pedro Rocha y un corredor manchego. Había llegado a Peces en 3ª posición, pero el descenso, con la lluvia, lo técnico que es y los resbalones varios que sufría, me impidieron toda opción de allí a meta.
Este año, el clima era ideal y disfrutamos mucho del descenso del Forcadura.
La entrada en Vigo, era fantástica. Había gente animando y sólo quedaban 4 km’s para completar la última etapa, para cerrar un nuevo Ultra Sanabria feliz, contento y rodeado de amigos.

El crono de la 3ª etapa:
3 horas 39 minutos (otros 14 minutos más que mi mejor crono), y una 18ª posición nuevamente.

CRONO Y POSICIÓN FINAL:
12 horas 49 minutos y 21ª posición final de la General.

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