Sinceridad VS Impertinencia

A menudo, escuchamos hablar de la sinceridad, como un valor en alza para cualquier individuo. Una persona sincera, es alguien responsable de sus acciones, que decide de forma voluntaria contar aquello que otros callarían, ofreciendo una supuesta transparencia.
¡Pero cuidado!, ser sincero, no implica decir todo lo que uno piensa, sin ton ni son.

Se habla mucho de la importancia de ser una persona honesta y sincera, pero oímos hablar poco de la inteligencia social de una persona.

A la hora de hablar de “sinceridad extrema”, podríamos estar hablando de «torpeza social», personas que consideran tener derecho a decir todo lo que se les pase por la cabeza, sin pensar en las consecuencias.
Es un tipo de sinceridad destructiva, con la que pueden llegar a decirte que tu trabajo es una mierda, que tu sentido del humor es una basura sin sentido, que estás muy gordo, o qué vistes fatal.
Nada mas espetar este tipo de ‘sinceridades’, se justifican diciendo que son personas muy honestas y sinceras, y queridos señores míos, esto no es sinceridad, ¡esto es impertinencia!.

Soy muy partidario de la sinceridad en la comunicación, ya que no hay peor cosa que una persona embustera e hipócrita, pero siempre y cuando esa sinceridad no implique ser un maleducado/a.
La gente que abusa de esta sinceridad extrema, son personas carentes de pensamientos positivos, cargados de pesimismo y con una capacidad de perder los papeles a la mínima.

Hay que ver la sinceridad como algo constructivo y positivo. La falta de sinceridad no hay que verla como una carencia, si no es en ese sentido, y en este contexto, la impertinencia se convierte en una falta de inteligencia social o torpeza humana.

En la línea de lo expuesto, podemos introducir un nuevo concepto:

El Sincericidio

El sincericidio es el exceso de la honestidad, es llevar al extremo una verdad sin filtros hasta el punto de hacer daño a los demás.

Hablar de sincericidio significa decir la verdad sin prudencia, sin límites, sin tener en cuenta lo que siente o desea el otro. En definitiva, se podría decir que la sinceridad aplicada sin inteligencia puede ocasionar daños innecesarios.

Lo mejor sería utilizar la verdad para ayudar y la sinceridad para construir, pero nunca para derruir o derribar a otros.Tengamos en cuenta que la verdad es un arma muy poderosa, que no debe carecer de empatía o de la citada inteligencia social.

Entonces, para no herir, ¿hay que mentir? La explicación no es tan sencilla como decir la verdad o mentir, a veces, una verdad no va a servir para nada o va a empeorar la situación. Lo qué mejor podemos hacer será comunicar aquello qué queremos decir, pero con sensibilidad, encontrando el momento y el contexto adecuado o buscando la mejor forma de hacerlo.

Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado”

-George Sand-

Nano López
Activador Emocional
Formador de Habilidades Sociales
y Deportista de Carreras por Montaña

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