La Resiliencia: Lo que no te ‘mata’, te hace más fuerte …

La resiliencia es un concepto de Psicología positiva y es un valor en alza en los nuevos planteamientos y terapias psicológicas.
Podemos hablar de diferentes formas de Resiliencia:

Un persona resiliente social será aquella que cuenta con competencias sociales adecuadas.
La resiliencia escolar se expresa en las competencias adaptativas en el ámbito educativo.
La resiliencia emocional corresponde a un cierto bienestar psicológico que se mantiene ante las perturbaciones o las situaciones estresantes que puedan acontecer en nuestra vida.

La resiliencia comenzó a estudiarse en primer lugar en niños y niñas que habían pasado su niñez en condiciones traumáticas o privados de cariño o cuidados, es decir, habían tenido dificultades para desarrollar una relación de apego seguro en la que su cuidador, cuidadora o figura significativa le diera amor de forma incondicional.

Este hecho provoca una vulnerabilidad afectiva y relacional por ser una etapa muy importante en el desarrollo de los patrones de comportamiento y relación de la persona consigo misma y con los demás.
“El apego seguro es la base para crear niños y niñas resilientes”.

Posteriormente, conforme el niño crece, pueden generarse otras posibilidades de generar vínculos o relaciones reparadoras del proceso anterior, por lo que un niño o adolescente podrá reconstruir parte de lo que en un primer momento no pudo forjarse.

Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar las situaciones difíciles y estresantes.
Es la dualidad mente-cuerpo, en el que ambos se retroalimentan y expresan, de una u otra forma, la respuesta del individuo en una situación estresante o de sufrimiento.

El sufrimiento psicológico va a provocar en el sujeto modificaciones bioquímicas que son perceptibles en los análisis, principalmente el cortisol está vinculado con un incremento de la vigilancia o el estado de hiperalerta, así como de la atención focal. El exceso de cortisol implica: déficits en el desarrollo, la reproducción y en respuestas inmunes adecuadas. Esto explicaría (al menos parcialmente) lo observado en gente sometida a estrés intenso o de larga evolución: disminución del pensamiento asertivo, menor creatividad y proactividad, frecuencia de ideas estereotipadas (repetición de esquemas), así como disfunciones sexuales.

En síntesis: el cortisol atenta contra la resiliencia. Fortalecer nuestra resiliencia también repercute por tanto en el estado de salud física.

Mejorar nuestro estado físico, mejora nuestra resiliencia y viceversa.

El hecho de salir fortalecidos de las situaciones adversas puede implicar que en un futuro, ante una situación que nos despierte los mismos sentimientos de frustración, tristeza, rabia o desesperanza, podamos reaccionar de forma distinta, escribir una historia con otro final.

Para mejorar nuestra resiliencia necesitamos fortalecer las cualidades que nos permiten una adaptación positiva en una situación de adversidad o sufrimiento, reforzando aquellos aspectos que necesitemos sin tratar de abarcar todos, y lo que es muy importante, a nuestro ritmo. Rompiendo el I M P O S I B L E .

 

LAS 8 CUALIDADES DE UNA PERSONA RESILIENTE

 

1. El autoconocimiento y la autoestima de la persona resiliente

  • El autoconocimiento es un arma muy poderosa y las personas resilientes saben usarla a su favor. Saber cuáles son nuestras principales fortalezas y habilidades, así como las limitaciones y debilidades, poder trazar metas más objetivas y realistas e identificar los aspectos en los que podemos mejorar es un camino directo a fortalecer nuestra autoestima y autoconfianza.
  • Además de conocerse, una persona resiliente reconoce la importancia del trabajo en equipo y sabe pedir ayuda cuando lo necesita.
  • El autoconocimiento nos permite mejorar la capacidad de reconocer y expresar las emociones. Sobre todo en momentos en que estemos sufriendo, esta es una buena forma de afrontar situaciones dolorosas.
  • También nos permite identificar emociones de rabia o enfado que nos estén haciendo comportarnos de una forma poco saludable.
  • Se observa que a mayor actividad cognitiva y a mayor capacidad intelectual aumenta la resiliencia, no sólo emocional, sino de las neuronas y la parte más biológica de afrontamiento del estrés.

La persona con mayores conocimientos de sí misma y de la realidad, puede procesar y elaborar más eficazmente los traumas y los factores estresantes.

2. La empatía y la resiliencia

  • La empatía es la capacidad de entender al otro y ponernos en su lugar, comprender sus sentimientos, a través de comprender los propios. Es un hábito resiliente, que nos permite por ejemplo, separar pensamiento de acción, cuando nos sentimos enfadados con alguien querido.
  • Cuando tenemos empatía, el flujo de dar y recibir afecto en las relaciones con los demás es mayor, lo que incrementa nuestra red social de apoyo. Un punto muy importante para ser una persona resiliente.

3. La autonomía de la persona resiliente

  • La creencia de que uno puede influir en lo que sucede a su alrededor, perdiendo el temor a que las cosas suceden por injusticia o causas ajenas a nuestro control. Esto va a hacer más fuerte a nuestra autoestima y nos va a movilizar hacia la resolución de conflictos que de otra forma se cronificarían en el tiempo.

4. El afrontamiento de la adversidad

  • Afrontar la adversidad con humor es propio de personas resilientes. Ser capaces de reírnos de la adversidad y sacar una broma de las situaciones difíciles nos ayuda a superarlas y mantenernos fuertes y optimistas ante la incertidumbre. Esto no quiere decir que en mitad de un funeral tengamos que usar el humor de forma obligada, sino que una vez esa situación dolorosa ha pasado seamos capaces de recordar a esa persona en momentos divertidos, que busquemos ratos felices que pasamos con él o ella o incluso nos acordemos de algo gracioso que solía decir o hacer.
  • Un enfoque hacia lo positivo de una situación abre caminos que antes estaban ocultos.
  • Evitar la queja constante.
  • La creencia de que uno puede aprender con sus experiencias, sean éstas positivas o negativas nos permite seguir creciendo y madurando a lo largo de la vida.

5. Conciencia del presente y optimismo

  • Las personas más resilientes tienen el hábito de vivir en el aquí y ahora, el presente, sin que las culpas del ayer o la incertidumbre del futuro le enturbie el momento que están experimentando. Disfrutan de los pequeños detalles y no pierden su capacidad para asombrarse ante la vida; de esta forma es más fácil enfocarse en los aspectos positivos que nos ofrece cualquier situación, complicada o no.
  • La conciencia del presente, puede resultar complicado con los ritmos de vida actuales pero hay formas de entrenar esta conciencia del momento presente.

6. Flexibilidad combinada con perseverancia

  • La existencia de un propósito significativo en la vida es otra de las características de una persona resiliente. Esta meta les da la fuerza interior para responsabilizarse de perseguirla, con flexibilidad y sin obstinación.
  • El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su capacidad de lucha, pero cuando esta deja de tener un sentido, pueden cambiar el rumbo sin necesidad de sentirse mal por haber abandonado su objetivo inicial.
  • Es muy valiosa la capacidad de escucha, las personas que nos rodean pueden tener información que complementa la propia y en alguna ocasión pueden servir de guía para nuestras metas o proyectos. Siempre crecemos en relación con los demás, el aislamiento social favorece que nuestro pensamiento pierda flexibilidad y amplitud o perspectiva.
  • Es importante aprender a hacer realidad los deseos: fuerza de voluntad y autocontrol emocional.

7. Sociabilidad en las personas resilientes

  • Las personas con resiliencia saben cultivar y valorar sus amistades. Generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  • Cuando pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo; son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

8. Tolerancia a la frustración y a la incertidumbre

  • Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida, porque solemos tolerar mal la incertidumbre. Una forma de ganar seguridad en nosotros mismos y vivir con menos tensión emocional es precisamente, aprendiendo a lidiar con la incertidumbre, para que nos cause el menor malestar posible.

 

Una persona que no desfallece y lucha por salir de una situación adversa, crece con mayor fuerza que antes del contratiempo sufrido.
Las personas con mayor resiliencia, son personas que gozan de un gran equilibiro emocional. De esta manera, cuando sufren una situación adversa, tienen la capacidad de buscar la forma de pormenorizar esa situación, y sufrir el tiempo justo y necesario.

Con todo ello, las fases de:

Impacto

Aceptación

Duelo

Superación

Son fases más ‘llevaderos’ en estados de Resiliencia bien trabajada.

 

(En la figura, para los nostálgicos de DragonBall, cuando el «super guerrero» resurgía recuperado de un estado moribundo, lo hacía más fuerte).

 

Nano López
Activador Emocional
Formador de Habilidades Sociales
y Deportista de Carreras por Montaña

2 comentarios

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