La Ansiedad

La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. La ansiedad puede hacértelo pasar muy mal, generar incertidumbre, tensión y provocarte la sensación de tener palpitaciones. Es una reacción normal al estrés o a situaciones traumáticas.

Lo primero que tenemos que saber, es que la ansiedad es algo IRRACIONAL. Esto quiere decir que no podemos encontrarle un sentido lógico, racional y fundamentado a una causalidad.
En muchos casos, suele ser un «caldo de cultivo» que se va fraguando durante años, y que en el momento o etapa vital que más tranquilo estás, aparece para azotarte,,, (de hecho, suele ser así).

Puede mostrarse de forma muy diferente, dependiendo la intensidad, la propia tipología de persona e incluso del entorno del que te rodeas. En muchos casos, los síntomas con denominador común son:

– Taquicardias
– Falta o dificultad en la respiración
– Angustia o agobio generalizado
– En muchos casos, despersonalización o disociación cognitivo sensorial

Podemos confirmar, que la primera vez que sufres un episodio de ansiedad (y como he dicho, cabe destacar que depende de la intensidad con que la sufras), te haces muchas preguntas. Preguntas, todas ellas sin respuesta, y en función de lo sugestionable que llegues a ser, puedes hasta asustarte pensando que te está «dando un chungo», como coloquialmente se suele decir.

En muchos casos, asociamos los síntomas físicos a preguntarnos si no estaremos padeciendo algún tipo de enfermedad o patología más allá de la mentalmente conocida como ansiedad.
Como ya he dicho, son muchas las cosas que suelen pasar por la cabeza cuando esta enfermedad mental te azota.

En el libro «Subcampeón» del ex futbolista Zuhaitz Gurrutxaga, explica como la ansiedad le atrapó en situaciones de pánico hasta creer que estaba volviéndose loco. Esta situación de descontrol, generó en él varios TOC (Transtornos obsesivos compulsivos), los cuáles le impedían realizar una vida normalizada, y más aún, dentro de la profesión que realizaba y el alcance popular que tenía en su entorno.
Cabe decir, que no siempre la ansiedad genera transtornos de este tipo, y simplemente se manifiesta en esa forma de angustia o despersonalización puntual.

¿Que situaciones puedo padecer si sufro ansiedad?

Fatiga.
Los episodios de ansiedad, agotan. La energía que se emplea en «sobrevivir» a cada uno de los síntomas expuestos, desgasta enormemente, hasta el punto de llevarte agotado prácticamente todo el día. Se recomienda no obstante hacer lo contrario a lo que tu cuerpo pide, es decir, en lugar de parar y echarte a descansar, buscar actividades (físicas y psicológicas) de interés.
La actividad o ejercicio físico es algo muy recomendable para generar esas dopaminas esenciales que restablecen ciertos estados de ánimo y ayudar a mejorar y fortalecer el sistema inmunitario.
La lectura o juegos de mesa, para estimular a nuestro cerebro, también son altamente recomendados.

Respiración.
Solemos tener la sensación de ir gran parte del día y/o sobretodo en momentos puntuales, con una limitación importante de nuestra capacidad respiratoria, lo cual, suele agobiar bastante, ya que es condición indispensable de supervivencia.
Paradójicamente, uno de los ejercicios que mejor funcionan para trabajar este aspecto son las «ausencias» de respiración, realizando pausas (aguantar la respiración) en episodios de 15-20 segundos varias veces. Puedes contactarme si quieres saber más sobre este tema y/o como realizarlas.

La despersonalización.
Bajo mi punto de vista, la peor. La sensación de que abandonas tu cuerpo y te disocias de él, es un síntoma claro de ansiedad. La angustia que sientes al perder sensorialidad con tu presente, hace que puedas incluso llegar a padecer ataques de pánico, generándote una necesidad imperiosa de abandonar el lugar en el que estás, salir de la reunión en la que te encuentres o de la cena de la que a priori estabas disfrutando y huir a tu refugio personal (ya sea tu casa u otro lugar de paz).

Taquicardias.

Sensación de que puedes padecer una alteración del ritmo cardíaco, hasta sentir pequeñas alteraciones del pulso o taquicardias, lo cuál sugestiona aún mas el estado en el que te encuentras.
Recientemente, se han realizado estudios del vínculo existente entre el estado emocional de una persona y su frecuencia cardíaca (arritmias y taquicardias) – Hospital Clínic de Barcelona.

Pensemos que cuando nos llevamos un disgusto inesperado o nos asustamos, se nos altera el ritmo cardíaco y la presión arterial, ya que se activa nuestros sistema simpático nervioso (SSN). Éste, libera grandes cantidades de adrenalina, las cuáles predisponen a que el cuerpo esté ON ante una amenaza, imprevisto o necesidad puntual. Por ejemplo, ante una pelea, un asalto, un coche que se salta el stop y va directo al paso de zebra que estás cruzando, etc…

¿Cómo trabajar la ansiedad?

La ansiedad se trabaja de diferentes formas.
Una de ellas (esencial) es con el/la psicólogo/a de confianza, para abordar aspectos básicos que se te pueden escapar. Las técnicas que podamos conocer como coaching, psicólogos o expertos en la materia, pueden ayudarte a trabajar en el día a día esa ansiedad que te aparece sin previo aviso y ante la que no sabes como actuar.

La aceptación: Fundamental en esta patología.
Como ya hemos dicho, la ansiedad es irracional, por lo que no queda otra que aceptar sus consecuencias o sintomatologías. Es complicado hacerlo sin más, porque cuando se sufre golpea y golpea duro, pero no queda otra que aceptarla sin buscar una lógica, ya que no la encontraremos. Existen diferentes técnicas de activar nuestro hemisferio racional, el cuál frena en seco esos momentos más complicados.
Hablarle, restarle importancia o protagonismo e incluso desafiarla en cierta manera, son metodologías que ayudan a mitigar sus efectos. Escribir los primeros síntomas, también es un sistema que ayuda y mucho a trabajar esta enfermedad.

Cuando la ansiedad limita tu día a día, no te deja dormir y hace que vivas episodios de pánico, quizá debas acudir a tu médico de cabecera, ya que probablemente necesites complementar ese trabajo psicológico con medicación.
No obstante, éste siempre es como digo, el último de los recursos. No porque no crea en la medicina ni mucho menos, más bien todo lo contrario, si no por no tirar del recurso «fácil», del efecto placebo, de depender de un químico para notar una mejoría, ya que esto podría conducirte a una dependencia hacia estos fármacos o inhibidores/ansiolíticos, y acabaría generando otro problema.

 

Nano López
Activador Emocional
Formador de Habilidades Sociales
y Deportista de Carreras por Montaña

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *